A buen entendedor…

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Victor Hugo en 1876 (Woodburytipo de Étienne Carjat).

Suele decirse que lo bueno, si breve, es doblemente bueno, pero todos sabemos lo difícil que puede ser resumir emociones, expresiones o deseos en una simple hoja de papel y ser concisos a veces resulta muy difícil. Sin embargo, hay casos donde el ingenio y el grado de conocimiento entre emisor y receptor es tal que basta con un par de palabras o símbolos para hacerse entender. Tal fue el caso, como posiblemente recordaran, de Johann Peter Gustav Lejeune Dirichlet. Y también es el caso de los protagonistas de hoy.

Como siempre, ubiquémonos primero en contexto. Nos encontramos en 1862. Recientemente ha salido al mercado una de las obras más reconocidas de la historia, escrita por uno de los autores más reconocidos de la historia. Inspirada en la Rebelión de Junio de 1832 en París y escrita por un autor ya reconocido, la obra se vuelve pronto todo un éxito y perdurará en los estantes de las librerías por los siglos venideros. Hablamos de Les Misérables del reconocido escritor francés Victor Hugo.

Se cuenta que, poco después de concluir su obra, Victor Hugo se tomó unas merecidas vacaciones. No obstante, el escritor no podía dejar de pensar en cómo irían las ventas de su obra. Así que decidió escribir a su editorial Hurst & Blackett para preguntarle cómo iba el tema.

Directo y al punto, sin firuletes que complicaran la comprensión y con la pretensión de no apartarse del asunto central, el francés escribió:

?

Su editor, ni lento ni perezoso, caso el mensaje al momento, y decidió responder con la misma consistencia. El texto de su carta fue:

!

Palabras sobran.

Cosette, personaje de Los miserables. Ilustración de Émile Bayard.

Estudiante de historia en la UBA (Argentina) en sus últimos años de carrera. Apasionado por la historia desde muy chico, empezó esta página para compartir su pasión.