“Cuáles Son Sus Últimas Palabras” – Parte II: Palabra de Rey no Puede Retirarse

0
61
cuales-son-sus-ultimas-palabras-parte-ii-palabra-de-rey-no-puede-retirarse-2

Hay ocasiones en las que, principalmente por orgullo, no podemos retractarnos de nuestras palabras y estamos dispuestos a mantener nuestra posición cueste lo que cueste. Peor aún si somos un rey de la Francia moderna, donde retractarnos implicaría reconocer que nos equivocamos y “debilitaría” nuestra autoridad. Ese es, más o menos, el caso de hoy.

Retrato de Enrique III de Francia.

Probablemente todos conocerán al rey francés Enrique III. De no ser así, aquí les dejo un link de la Wikipedia donde encontraran buena información sobre él. Puesto que hoy no les hablare de Enrique III, sino de una curiosa historia, que se conjunta con una entrada que escribí el a comienzos de Mayo (Aquí la entrada de hace casi cinco meses), sobre dos sujetos que se salvaron de la muerte gracias a su astucia a la hora de emitir sus últimas palabras. Aunque esta vez se trate de lo que no dijo…

Volviendo a esta historia, resultó que un día el rey Enrique III paseaba por las calles de su reino, más precisamente por la calle Saint Honoré hacia la Croix du Trahoir. Justamente en aquel sitio era donde se ejecutaban los condenados a muerte.

Al ver al rey pasar, uno de los condenados, a quien el verdugo se disponía a ahorcar, comenzó a gritarle pidiendo clemencia. Enrique III, se frenó y se informó sobre lo que había hecho aquel desgraciado, y, viendo que no merecía compasión, dijo antes de proseguir:

  -Esperad que haya rezado sus oraciones. No lo ejecutéis hasta que haya pronunciado su in manus.

Al oír esto, el condenado juró que no diría nunca esa oración, y se obstinó tanto en no pronunciarla que el verdugo y sus ayudante no sabían que hacer.

-No, es demasiado difícil. No puedo pronunciar esas palabras- Explicaba el reo

-Te las diremos nosotros, miserable, no tienes más que repetirlas.- Le espetaban el verdugo y sus ayudante

-Imposible, no sé pronunciarlas, son demasiado difíciles.- Sostenía el condenado

Tal era la obstinación del delincuente que fue preciso recurrir al rey, el cual se echó a reír, divertido por la astucia de aquel individuo. Finalmente Enrique III tuvo que tomar una decisión, por lo que declaró.

  -No imaginaba que con aquel pícaro se tuviesen que medir las palabras. Me ha cogido en la trampa y es necesario tener paciencia. Palabra de rey no puede retirarse. Mantengo lo que he dicho y le concedo el perdón, esta vez sin condiciones.

Y así, aquel condenado a muerte logro salvar su vida.

Por cierto, esta historia la saque del libro de Carlos Fisas “Intimidades de la Historia”, por lo cual, tal como siempre recuerda el autor, debemos tomar con pinzas su veracidad. Sin embargo es una historia divertida que nos recuerda que la astucia puede salvarnos de situaciones tan peligrosas como la muerte misma.