Curiosidades históricas. Las últimas palabras.

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Todos aquellos que hayan visto alguna vez alguna vieja película de acción sin dudas reconocen la frase, es la típica muletilla del villano de la peli cuando tiene a su merced al héroe a punto de darle el golpe final. Manteniendo esta lógica, la entrada de hoy recopila dos momentos en los que el “héroe” o el “villano” estuvo contra la espada y la pared, y sus “últimas palabras” le salvaron la vida.

Pelicula “los 300″

Ante la noticia del avance persa sobre Atenas, el general espartano del siglo V Agesilao, no dudó en elaborar un plan para detenerlo. Su idea era infiltrarse en las tropas de Jerjes II, para poder acercase al líder Persa y así poder asesinarlo, evitando de este modo la caída de Grecia en sus manos. Sin dudas ni remordimiento, Agesilao puso en marcha el plan y logró efectivamente aunque no sin dificultad, infiltrarse y confundirse perfectamente entre los enemigos, aunque con un pequeño problema… se equivocó de víctima. En lugar de asesinar a Jerjes II acabó con la vida del general Mardonio. Como castigo, los persas lo tomaron preso y los condenaron a morir en un altar expuesto al fuego.

Antes del momento de ejecutar la sentencia, Jerjes II, que después de todo no era tan despiadado, le concedió al espartano, como todo buen villano de novela, unas últimas palabras, seguramente con la intención que este se retractara de sus actos. Sin una pizca de arrepentimiento por sus acciones, Agesilao miró al emperador persa y le dijo:

“Cualquier espartano hubiese actuado igual que yo con tal de salvar a su pueblo de vuestros ejército”.

Ante estas palabras, Jerjes II, admirando por el valor y sacrificio del espartano, perdonó la vida del general griego.

  • [Fuente: Revista Historia y Vida N° 497 (Agosto de 2009)]

¿Pirata o Conquistador? Alejandro Magno

Cuentan la historia que en cierta ocasión, el gran conquistador del mundo helénico, Alejandro Magno, capturó a un pirata en sus costas y lo acusó de ser una persona indigna. Decidido a tomar una medida ejemplar con aquel bandido lo llamó ante su presencia y procuró ofrecerle una oportunidad de retractarse por sus actos y suplicar clemencia.

En lugar de esto, sin una pizca de miedo por encontrarse ante el emperador macedonio, el detenido le contestó con total libertad y certeza:

“Es verdad, soy pirata, pero solo porque tengo un solo barco. Si tuviera una flota entera, sería un conquistador”.

A Alejandro le convenció la aguda respuesta del preso, tanto que, según se afirma, lo dejó en libertad para que siguiera con sus actividades.

  • [Fuente: Revista Muy Historia N° 16: Curiosidades de la Historia]