Deir el-Medina: La Primer Huelga de la Historia (Parte I)

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Desde hace mucho tiempo ya, las huelgas son consideradas un derecho y un medio de resistencia ante las malas condiciones de trabajo y la explotación capitalista. Cuando algo nos molesta, cuando nuestros derechos son avasallados y nuestras libertadas sojuzgadas, las huelgas son un medio valido y aceptado de protesta pública. Sin embargo, esta tradición podría ser más antigua de lo que se imaginan. Hoy hablaremos de la primera huelga registrada en la historia, y para eso debemos remontarnos muy, muy atrás, a la época Egipcia; no obstante, es posible que la situación les resulte muy, pero muy familiar.

Ramsés III oferente. Templo de Jonsu, Karnak.

Nos encontramos en 1165 a.C., tiempos de Ramsés III. A nivel general, Egipto vive tiempos de prosperidad, las arcas del reino parecen estar estables y el emperador aprovecha para construir importantes templos y monumentos. En Tebas reina la calma y la economía parece prosperar gracias a las ventas de artículos de lujo y objetos suntuarios provenientes de lugares lejanos. Asimismo, desmantelada la amenaza hitita, la presencia libia y vencido el misterioso y temido “Pueblo del Mar”, la paz colma las calles.

Sin embargo, la situación en el interior es otra. Comenzaba a vivirse por entonces un período de decadencia. La corrupción y la mala organización de los recursos comienzan a debilitar la economía. El excesivo y consecuente crecimiento de la burocracia estatal, así como de una demanda de bienes de consumo que no podía ser satisfecha, llevaba la situación hasta el límite. Y lo que es peor… durante los últimos años del reinado de Ramsés III tendrá lugar una inflación galopante. El aumento de precios desató la codicia de los administradores, a todos los niveles, que procuraron acaparar el grano para enriquecerse con ello, dejando así de cumplir sus contratos con los trabajadores estatales. Rápidamente se produjo una desarticulación del sistema de trabajo, llevando a que la actividad laboral de los artesanos (dependientes de la administración central) se multiplicara sin que sus pagas se adecuaran a las tareas crecientes. Será este contexto el que propiciará el levantamiento de los trabajadores del poblado de Deir el-Medina en el 1166 a.C. aprox.

Poblado de artesanos, en Deir el-Medina.

La aldea de Deir el-Medina había sido fundada 500 años antes por Tutmosis I. En ella se alojaban alrededor de 120 obreros, artesanos y escribas encargados de la construcción de las tumbas reales. Los trabajadores estatales vivían aislados de sus familias para preservar el secreto de su trabajo y, a cambio, el estado les facilitaba todo lo necesario para su supervivencia. Antes de dar comienzo a cualquier obra, los trabajadores firmaban un contrato en el que se establecía la duración del trabajo y el salario en especie. En este sentido, cada día recibían pan, cerveza, dátiles y verduras, e incluso agua potable, vital para su supervivencia en el desierto egipcio. Algunos alimentos como los higos se suministraban con menos frecuencia y la carne solo en fiestas especiales. Asimismo, también se les abastecía de vestidos, calzados, vasijas y herramientas. El salario de un día del trabajador promedio era de 10 hogazas de pan y una medida de cerveza; y el de un artesano de mayor categoría podía llegar a las 500 hogazas de pan, las que tenía derecho a intercambiar por otros artículos. Los capataces y los escribas recibían 72 sacos de cereales al mes y el resto de trabajadores 52 sacos. Trabajaban durante diez días, en los que permanecían junto a las tumbas del Valle de los Reyes; el resto del mes volvían al poblado y hacían trabajos por cuenta ajena.

Repentinamente, las raciones y los pagos por su trabajo cesaron. La comida no llega a tiempo, y la que llegaba, era de mala calidad, como expresa uno de los administradores en el ostracon 10.663, conservado actualmente en el Museo de Berlín:

“… Comunico a mi señor que estoy trabajando en las tumbas de los príncipes cuya construcción mi señor me ha encargado. Estoy trabajando bien (…) No soy en absoluto negligente. Comunico a mi señor que estamos completamente empobrecidos (…) Se nos ha quitado un saco y medio de cebada para darnos un saco y medio de basura”

Las distintas administraciones públicas se echaron la culpa mutuamente de lo sucedido, y el faraón se vio obligado a destituir a su visir Athribis. No sería suficiente, el 14 de noviembre del 1.166 a.C. sesenta trabajadores de Deir el-Medina, que llevan 20 días sin recibir comida ni agua, traspasan los cinco muros de la necrópolis dando inicio a la primera huelga documentada de la historia.