¡Devuélveme mis Legiones!

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Siempre las grandes gestas militares han merecido páginas y más páginas en los libros de historia, pero los grandes fiascos también merecen ser recordados. En ese sentido hoy recordaremos al general romano Publio Quintilio Varo.

El Hermannsdenkmal, monumento levantado en memoria de Arminio (Hermann) en la parte sur del bosque de Teutoburgo.

Sin dudas, Publio Quintilio Varo protagonizó uno de los primero ejemplos de gran fracaso. Todo sucedió durante el año 9 d.C. Augusto había enviado a Varo al frente de una expedición de castigo contra los pueblos germánicos. Así, Varo debía llegar a la provincia Germania Magna para afianzar el dominio romano, conseguido hacia relativamente poco por las incursiones de Druso y Tiberio.

Pero su extrema codicia, su falta de sensibilidad y el uso de métodos de romanización demasiado expeditivos le hicieron incurrir a Varo en diversos errores de gobierno que le llevaron finalmente a provocar el descontento general y a convertirlo en una figura muy impopular entre la población germana. Pronto se produjo una revuelta y el ejército romano que guarnecía la región de Westfalia fue atacado por el caudillo Arminio al frente de una confederación de tribus de queruscos aliada a sus vecinos cuados.

Varo marchó entonces al frente de las invencibles legiones romanas, que hasta entonces jamás habían conocido la derrota. Pero el caudillo germano Armenio tendría el honor de ser el primero en lograr vencerlas… ¡¡¡Y de qué manera!!!!

La derrota de Varo (2003), una escultura de Wilfried Koch en Haltern am See, Alemania.

Varo y sus arrogantes legiones romanas se internaron sucesiva e imprudentemente en el interior del bosque Teutoburgo, donde la lluvia y el barro acabaron por convertir el territorio en una trampa mortal. Lo ocurrido a continuación es una simple conjetura, pero lo cierto es que las tres legiones (la XVII, XVIII y XIX), las tres alas de caballería y los seis cohortes con los que Varo se internó en el Teutoburgo fueron masacradas por las tropas de Arminio.

Las pérdidas estimadas en el ejército romano se acercan a los 30.000 muertos. Por su parte, se cree que Varo, herido en la batalla, ante el riesgo de caer en manos del enemigo, y siguiendo la tradición familiar de su padre y de su abuelo, optó por suicidarse. Su cabeza fue remitida como trofeo de guerra a Marbod, rey de los marcómanos, pero éste, temiendo la ira romana, la envió a Roma donde fue finalmente enterrada en el panteón familiar.

Pocos años después de la derrota, otras legiones romanas consiguieron alcanzar aquel fatídico bosque de Teutoburgo, esta vez a mando de Germánico. Tácito describe lo que encontraron:

En el campo, los huesos de los soldados yacían esparcidos por el suelo, cada uno en el lugar donde había caído defendiendo su posición o huyendo. Había restos de armas y también los huesos de los caballos, mientras que había cabezas humanas clavadas en los troncos de los árboles de alrededor. En estas arboledas se encontraban los altares bárbaros donde habían sido sacrificados los trib

unos y los centuriones”.

Tan duro fue el golpe que les supuso la derrota al prestigio militar de los romanos que los números de las legiones derrotadas (XVII, XVIII Y XIX) nunca más volvieron a utilizarse.

Suetonio cuenta al respecto que Augusto, meses más tarde y aun afectado por semejante desastre, golpeaba la cabeza contra las paredes repitiendo:

Vare, Vare, ¡legiones redde!” (Varo, Varo, ¡devuélveme mis legiones!)”.

Para esta entrada tuve ayuda de:

Revista Muy Historia Nº 16: Curiosidades de la Historia

Wikipedia: Artículo de Publio Quintilio Varo