El Llanto de Cesar

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El retrato Tusculum, quizás la única escultura sobreviviente de César realizada durante su vida

Todos, en alguno momento de nuestra vida, idolatramos a alguien, al punto de querer ser como él algún día, utilizándolo de inspiración y modelo. Lo cierto es que, esto no excluye a los más grandes personajes de la historia; ellos también, al igual que nosotros han tenido sus ídolos y regido sus actos pensando que haría su héroe en su lugar. En este sentido, la entrada de hoy tiene como protagonistas a dos grandes de la historia mundial: Alejandro Magno y Julio Cesar.

Bien, ahora hay que hacer algunas salvedades… ya que existen al menos dos versiones de la historia que sigue a continuación: La primera, escrita por Suetonio, en “Vidas de los Doce Césares”; la segunda, realizada por Plutarco, en sus “Vidas Pararelas”. Contextualicemos entonces las dos historias.

Suetonio decide ubicar está anécdota durante el periodo que Julio Cesar pasó como Cuestor, puesto para el que sería elegido en el año 69 a.C., a la edad de 32 años. Tal puesto implica, para aquellos que no lo sepan, un cargo administrativo en las provincias. Para el caso que nos atañe, al futuro emperador romano, en el sorteo subsiguiente, le fue asignado un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior (situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España). De este modo, nos cuenta que:

“Durante su cuestura, logró la España Ulterior, donde, al recorrer las asambleas de esta provincia, para administrar justicia por delegación del pretor, al llegar a Cádiz, viendo cerca de un templo de Hércules la estatua de Alejandro Magno, suspiró profundamente como lamentando su inacción; y censurando no haber realizado todavía nada digno a la misma edad en que Alejandro ya había conquistado el mundo, dimitió en seguida su cargo para regresar a Roma y aguardar en ella la oportunidad de grandes acontecimientos.” (Suetonio, “Vida de Julio César”, VII).

Al parecer, continúan la leyenda, poco tiempo después, mientras descansaba en el Templo de Hércules Gaditano (Herakleión) de la ciudad de Gades (situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri), César tendría un sueño premonitorio. Un sueño que le prometió el posterior dominio del mundo, luego de haber llorado frente al busto de Alejandro por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.

Contrariamente, aunque de modo similar, a Suetonio, Plutarco refiere el incidente de otra manera. Según él, el hecho tiene lugar años más tarde, luego de que César fuera electo pretor urbano para el 62 a. C., el puesto de pretor más distinguido, ya que era el que se ocupaba de los asuntos entre ciudadanos romanos. Después de su complicado año como pretor, sería nombrado propretor de Hispania.

Es en este período donde se ubica la historia de Plutarco, quien nos dice que:

“Se ha dicho que en otra ocasión, cuando libre de los negocios en España, después de leer algunas partes de la historia de Alejandro, él se sentó un gran rato muy meditabundo, y al final rompió en lágrimas. Sus amigos estaban sorprendidos, y le preguntaron la razón de ello. ‘¿Piensas’, dijo él, ‘que yo no tengo causa para llorar, cuando considero que Alejandro a mi edad había conquistado tantas naciones, y yo en este tiempo no he hecho nada que sea tan memorable’?” (Plutarco, “Julio César”, XI).

Julio César ante la estatua de Alejandro en el templo de Hércules en Cádiz.

De esta manera contamos con dos historias distintas sobre un mismo hecho. A pesar de que Suetonio y Plutarco fueron más o menos contemporáneos (fines del siglo I e inicios del II d.C.), y nacieron ambos unos 100 años después de la muerte de César, las dos historias se contradicen, no solo en temporalidad sino en los acontecimientos. No obstante, parecería más correcto tomar el relato de Suetonio como el más fidedigno, dado que César fue elegido cuestor en 69 a.C., con 32 años de edad, y pretor en 63 a.C., con 38 años (estimando su nacimiento en 101 a.C.); habiendo muerto Alejandro a los 33 años, César habría alcanzado su edad siendo cuestor, como dice Suetonio, y no pretor, como dice Plutarco.

De todas formas, ya sea que Cesar encontrará las lágrimas a los pies de la inmortalización del gran macedonio o que diera rienda suelta a su tristeza producto de su depresión al comparar sus acciones contra las de su ídolo y máximo modelo, tras leer sus historias en sus ratos de ocio, lo importante la construcción del hecho y el intento de generar un paralelismo entre ambos conquistadores. Después de todo, todos conocemos el final de esta historia…

Más sobre Julio Cesar:

Wikipedia

Vidas de Fuego

Imagen destacada vía Ceres