El Oro y el Moro

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Idealización del rey Juan II por José María Rodríguez de Losada, Ayto. de León.

El Oro y el Moro es una locución bastante difundida en nuestro lenguaje coloquial y, por lo general, se la usa para ponderar el precio y el aprecio (a veces, bastante exagerado) de una cosa o persona. Y su origen se encuentra en un hecho de armas protagonizado por un grupo de caballeros jerezanos durante las Guerras de la Reconquista. Hoy regresaremos a aquella época para descubrir de quien era el oro y quién era el moro.

Planteemos primero el escenario. Nos encontramos en las Guerras de Reconquista. Es la España del siglo XV y estamos en los tiempos de Juan II. Los españoles intentan recuperar los territorios que han perdido ante el avance musulmán durante el siglo VIII. Les ha llevado mucho tiempo, pero los moros ya se muestran reducidos. En tal contexto corre el año el año 1426; y los caballeros de Jerez llevan adelante una redada, en la cual apresan alrededor de 40 moros.

Los españoles comienzan a interrogar a sus nuevos prisioneros, y oh vaya sorpresa, entre los capturados se encontraban al alcaide de Ronda llamado Abdalá y a su sobrino Hamet. Sin dudas un gran botín que permitiría a los españoles negociar su liberación a cambio de un alto precio.

Pronto comenzaron las negociaciones y el alcaide obtuvo muy pronto su rescate, mediante el pago de una fuerte suma de dinero. Pero no así los demás -ni siquiera su sobrino Hamet-, pese incluso a los enérgicos requerimientos del propio rey Juan II de Castilla.

Tumba de Juan II de Castilla, en la Cartuja de Miraflores

El caso es que, los caballeros -y particularmente, la esposa de uno de ellos, supuestamente llamado Fernández de Valdespino – exigían la entrega de cien doblas (monedas castellanas de oro) por la liberación de los cautivo. Esta exigencia la explicaban en el hecho de lo que había gastado en la guarda y mantenimiento de los moros en cautiverio.

El forcejeo duro un buen tiempo, y como nadie se ponía de acuerdo, Juan II se vio obligado a interceder. De esta forma, ordenó que Hamet fuera conducido a la corte, y que se quedara allí hasta que se decidiera su suerte.

De toda esta situación es que surgiría el dicho. Debido a lo largo y tendido que se habló, negoció y discutió, es probable que en el pueblo andaluz se pensara que, en un dejo de ambición, el rey español buscaba quedarse con el oro y el moro. Es así que no tardó en acuñarse la frase “quedarse con el oro y el moro”, aplicada a la aparente intención negociadora (en su favor) del rey de quedarse con ambos “tesoros”.

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