El primer texto en castellano

0
32

Dicen los que saben que “Siempre hay una primera vez para todo”. Quizás, eso podría discutirse, pero este no es el caso, puesto que hoy hablaremos de la primera vez que alguien escribió en castellano.

Ya hemos hablado en este sitio sobre dónde surgió la escritura, o el primer anuncio y la primera proposición indecente. Esta vez nos dedicaremos a hablar del posible surgimiento de uno de los idiomas modernos, para ser precisos, el idioma español, el cuarto idioma más hablado en todo el mundo, ya que si bien tiene variantes según donde sea esgrimido, podemos decir que en gran parte se trata de la misma lengua, o al menos que tiene el mismo origen. Hoy trataremos de dilucidar cual fue ese origen.

Página 72 del Códice Emilianense 60. Se aprecia la glosa al margen.

Pues bien, es difícil dilucidad cuando nació una lengua, puesto que las palabras no trascienden el paso del tiempo, por lo que solo podemos hablar de la primera vez que esas palabras fueron puestas sobre un papel… y el caso del español, para llegar a ese punto, debemos regresar hasta el año 1911, cuando el arqueólogo e historiador Manuel Gómez-Moreno se encontraba estudiando la arquitectura mozárabe del Monasterio de Suso.

No, no fue esta la primera vez que alguien escribió en español, sino el momento en uno de los más antiguos grupos de fragmentos castellanos fue encontrado. Resulta que, mientras se encontraba analizando la estructura, Manuel Gomez-Moreno dio con un grupo de caracteres cuneiformes que le resultaban hartamente familiar. Fascinado por  los familiares caracteres que podía reconocer en un grupo de anotaciones realizadas en los márgenes de las glosas, decidió transcribirlas y enviárselas al filólogo español Ramón Menéndez Pidal, quien reconocería a Las Glosas Emilianeses, como fue catalogado este grupo de anotaciones, como el primer texto en escritura castellana.

Estas pequeñas anotaciones castellanas se encontraban en los márgenes de un texto manuscrito mucho más extenso, en el cual, al mismo tiempo, podían reconocerse varias lenguas de diversos orígenes, tales como el latín, el romance riojano pre-castellano y el euskera. Realizadas entre las líneas del texto principal y los márgenes del códice Aemilianesis 60, se cataloga su antigüedad alrededor de los siglos X y XI.

Probablemente con la misión original de aclarar el significado de algunos pasajes del texto latino, estás pequeñas anotaciones se convirtieron por muchos años en el primer texto conocido escrito en lengua castellana. De este modo, las Glosas Emilianenses, que suman más de mil en total, unas cien están en romance riojano pre-castellano, y poseen el interés añadido de incluir dos anotaciones en vasco, se convirtieron en uno de los primeros testimonios escritos conocidos, no epigráficos, en dichas lenguas.

La frase más larga de todo el códice se encuentra en la página 72. Se trata de doce renglones en los que se lee lo siguiente:

Con o aiutorio de nuestro

dueno Christo, dueno

salbatore, qual dueno

get ena honore et qual

duenno tienet ela

mandatione con o

patre con o spiritu sancto

en os sieculos de lo siecu

los. Facanos Deus Omnipotes

tal serbitio fere ke

denante ela sua face

gaudioso segamus. Amen.

Fragmento de uno de los documentos del cartulario con escritura visigótica.

Sin embargo, a pesar de lo que he dado a entender más arriba, Las Glosas no ostentan este puesto en soledad. Ya en 1926, el mismo Ramón Menéndez Pidal habló en su obra Orígenes del español, sobre la Nodicia de Kesos. Un escrito en lengua romance aparecido cerca de León y datado entre los años 974 y 980.

El texto en sí es una simple nota de carácter funcional: se trata del inventario de quesos que hizo el monje despensero en el Monasterio de los santos Justo y Pastor, en el pueblo de La Rozuela, muy cerca de León. Está escrito en la parte trasera de un documento de donación datado en el año 956. Sin embargo, no sería reconocido hasta tiempos recientes, ya que en rigor, aún no se puede considerar leonés, sino de un estadio de latín que comienza a distinguirse del latín vulgar y a fragmentarse en varios protorromances, en este caso en leonés.

Finalmente, y ya extendiéndonos de la habitual longitud de nuestras entradas, debemos mencionar a un texto de aparición reciente, hablo de los Cartularios de Valpuesta, una serie de documentos datados del S. XII que, a su vez, son copias de otros documentos, algunos de los cuales se remontan al siglo IX, si bien la autenticidad de algunos de ellos es discutida. Descubiertos en 2008 y avalados en 2010 por la Real Academia Española estos son considerados los escritos como «una lengua latina asaltada por una lengua viva»,  y por tanto los primeros documentos en los que aparecen palabras escritas en castellano.