“Gatos a la Guerra”, la broma que caló durante la Primera Guerra Mundial

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Los anuncios clasificados no son cosa nueva, ni tampoco lo son las bromas. Mucho menos la combinación de ambos. Más de una vez ha aparecido algún anuncio falso en el diario de la semana, convenciendo a sus lectores de algo que no era real, haciéndoles, quizás, ridiculizarse al realizar actos innecesarios basados en una información irreal. Pues esto es exactamente lo que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial.

Como todos sabemos, la Primera Guerra Mundial fue muy dura y causó mucho daño económico y social en los países participantes. Las condiciones en el campo de batalla no siempre eran las mejores. Los refugios y los campos de concentración eran, generalmente, insalubres, y uno podía encontrarse con cualquier cosa.

En las trincheras, el enemigo no se encontraba solamente al otro lado del campo de batalla, sosteniendo un arma. A veces, la causa de muerte se encontraba mucho más cerca, en el refugio propio, donde uno podía pescarse cualquier enfermedad importante por causa de las condiciones insalubres y la suciedad que todo lo cubría. Ni que decir de las ratas y chinches que se presentaban como los compañeros de habitación rutinarios.

El enorme tiempo destinado por los soldados a la organización de auténticas cacerías para acabar con estos animalejos era ya de conocimiento público. Al igual que la buena voluntad y predisposición del pueblo en tiempos de guerra.Fue así que alguien se avivó sobre el tema, e intentando hacer una broma de mal gusto, publicó un anuncio en el diario pidiendo gatos para el frente.

El anuncio, que salió en el diario The New York Times, decía algo parecido a lo siguiente:

“¡Atención a los dueños de gatos! Las ratas amenazan la salud de los soldados norteamericanos prisioneros en los campos de concentración alemanes. Por ello, el gobierno está vendiendo a Alemania gatos para exterminar estos roedores. El Ayuntamiento pagará a quien tenga gatos […]. Los pagos se realizarán en la Oficina Central de Correo”

Una hora antes de la apertura de dicha Oficina, más de 4.000 personas se encontraban haciendo cola para entregar a sus mascotas. Se necesitaron unas ocho horas para convencer a todos y cada uno de los individuos de que aquello era simplemente la broma de un desaprensivo.