La Formación de Nombres en la Roma Antigua

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Actualmente, cuando una pareja va a tener un hijo tratan de pensar para él un buen nombre. Para ello, a veces utilizan el nombre de algún familiar importante para ellos (nombres de padres, madres, abuelos, etc.), quizás a modo de tributo, quizás solo por parecerle agradable. Otra vez, recurren a los famosos “libros de nombres”, que pueden adquirirse fácilmente, incluso hoy en día pueden encontrarse hasta páginas dedicas a ello. Luego, se decide cuál de los dos apellidos llevará, generalmente el del padre, aunque otras veces puede ser el de la madre, o una combinación de ambos. En la antigua Roma, sin embargo, seguía ciertas pautas, algo diferente.

La conformación de los nombres en Roma tenía ciertas particularidades. No eran exactamente igual que los de ahora, tampoco significaban lo mismo y, por sobre todo, no se formaban de la misma manera. En la antigua Roma muchas familias se encontraban emparentadas por uno antepasado en común. Este emparentamiento corría sin importar la antigüedad del individuo que unía a ambas familias, incluso existían casos en los que dicho individuo había sido el primero de la familia. De esta forma, varias familias de las familias nucleares emparentadas formaban una gens o clan, y el individuo que las unía sería quien daría el nombre de los futuros integrantes de dichas familias emparentadas. Así, todos los romanos exhibían el nombre de su clan como parte de su nombre. Aunque en algunos casos su nombre se formaría exclusivamente del nombre del clan. En otras palabras, lo que hoy conforma nuestro apellido, es decir, nuestra pertenencia a un árbol genealógico, conformaba su nombre de pila.

No obstante, existían ciertas diferencias entre los nombres femeninos y masculinos. En este sentido, las mujeres romanas, poseían un único nombre, que normalmente era el de la gens, pero en femenino, por ejemplo Julia, lo que deba a entender que pertenecía a la familia Julia (a la que perteneciera Julio Cesar entre otros), o Terentia lo que daba a entender que pertenecía a la familia Terentia. En cambio, el nombre de los hombres romanos, y sobre todo si eran patricios, se componía por tres partes: La primera era un nombre personal o praenomen, luego un nomen, es decir, el equivalente masculino de su gens, y, para finalizar, un cognomen.

Bien, para que quede un poco más claro, pongamos de ejemplo al reconocido emperador romano Cayo Julio Cesar. Así, podemos decir que “Cayo” su praenomen, es decir, el nombre personal elegido por Julio Cesar para que utilizaran como referencia hacia él. Pero, el nombre personal era una simple formalidad que designaba al individuo (el nombre de hoy en día) y no siempre era utilizado, Julio Cesar lo usó ya de mayor, aunque también era posible que se utilizarán más de uno como el caso de su sobrino nieto Octavio Augusto Cayo Julio Cesar. Los más frecuentes eran: A.: Aulus; Ap.: Appius; C.: Caius (Gaius) o Cayo; Cn.: Cnaeus (Gnaeus); D.: Decimus; K.: Caeso; L.: Lucius; M.: Marcus; Mi.: Manius; Mam.: Mamercus; N.: Numerius; P.: Publius; Q.: Quintus; Ser.: Servius; Sex.: Sextus; Sp.: Spurius; T.: Titus; Ti.: Tiberius.

Siguiendo con Cesar, “Julio” sería el nombre de su clan, su nomen, y servía para señalar su pertenecía a la gens Julia. Como dato anecdótico, el origen de esta gens se debe a que dicha familia solía jactarse de descender de Iulo, también conocido como Ascanio, hijo del guerrero troyano Eneas y nieto de la diosa Afrodita.

Finalmente, el gran emperador romano cuenta con “Cesar” como cognomen o nombre adicional. Esta última parte del nombre romano solía ser un antiguo mote de algún miembro de la familia y, por lo tanto, solía tener cierto tinte humorístico que se adjudicaba por las más diversas razones: por un objeto asociado a una anécdota (Praetextatus = el de la toga pretexta;Scipio = el bastón; etc.); a un defecto físico (Caecilius = ciego, Cicero = grano, Claudius = cojo, etc.) o cualquier otra. Por ejemplo, en el caso de Cesar, dependiendo de las fuentes podría provenir de algún antepasado de la familia Julia que naciera por cesárea, ya que este fue cortado (caesus) del vientre de su madre; o también podría provenir del cabello largo y ondulante (caesaries) de algún otro de los antepasados de dicha familia.

Esta parte también era heredada de padres a hijo, por lo que muchas veces no tenía una relación directa con el individuo que la portaba, pero servía para indicar la rama familiar a la que pertenecía, tal es el caso, que con el tiempo se convierte en un segundo apellido y pueden añadirse otros cognomina. Así, otros ejemplos de cognomen podrían ser Bruto que quiere decir “estúpido” (aunque seguramente ya lo suponían), Naso (“nariz grande”), Crassus (“grueso” o “corpulento”) Longus (“alto y delgado”) o Cincinnatus (“de pelo rizado”). Algunos otros, en cambio, indicaban también la procedencia primitiva de la familia (Coriolanus, “de Corioli”), productos utilizados por esta en los trabajos que solía realizar (Cicerón, “garbanzo”).

Para esta entrada tuve ayuda de:

Libro Julio Cesar de Philip Freeman.

Wikipedia: Articulo Nombres Romanos