La historia de la Torre Eiffel

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La Torre Eiffel es visualmente el edificio más famoso de Francia, si no de Europa, y ha recibido más de 200 millones de visitantes. Pero no se pretendía que fuera permanente, y el hecho de que aún lo sea se debe a la voluntad de aceptar las nuevas tecnologías que hicieron posible su creación en primer lugar.

Los orígenes de la Torre Eiffel

En 1889, Francia acogió la Exposición Universal, una celebración de los logros modernos que coincidió con el primer centenario de la Revolución Francesa. El Gobierno francés organizó un concurso para diseñar una “torre de hierro” que se erigiría en la entrada de la exposición del Campo de Marte para ofrecer a los visitantes una experiencia impresionante. Se presentaron ciento siete planos y el ganador es un proyecto del ingeniero y empresario Gustav Eiffel, apoyado por el arquitecto Stephen Sauvestre y los ingenieros Maurice Koechlin y Emile Nouguier. Ganaron porque estaban dispuestos a innovar y crear una verdadera declaración de intenciones para Francia.

La Torre Eiffel

La Torre Eiffel no se parecerá a nada que se haya construido antes: 300 metros de altura, en su momento la estructura artificial más alta del mundo, y construida con celosías de hierro forjado, un material cuya fabricación a gran escala es hoy en día sinónimo de la revolución industrial. Pero el diseño y la naturaleza del material, utilizando arcos y cerchas metálicas, permitió que la torre fuera ligera y “transparente” en lugar de ser un bloque masivo, conservando su solidez. Su construcción, que comenzó el 26 de enero de 1887, fue rápida, relativamente barata y se llevó a cabo con una pequeña mano de obra. Había 18.038 piezas y más de dos millones de remaches.

La torre descansa sobre cuatro grandes columnas que forman un cuadrado de 125 metros a cada lado antes de elevarse y unirse para formar una torre central. La forma curva de los pilares significaba que los ascensores, que eran en sí mismos un invento relativamente reciente, tenían que ser cuidadosamente planeados. Hay plataformas de observación en varios niveles, y la gente puede subir a la cima. Algunas partes de las grandes curvas son en realidad puramente estéticas. La estructura está pintada (y repintada regularmente).

Oposición y escepticismo

Hoy en día, la torre se considera un hito histórico en el diseño y la construcción, una obra maestra para su tiempo, el comienzo de una nueva revolución en la construcción. Pero en ese momento, hubo resistencia, especialmente de gente horrorizada por el impacto estético de una estructura tan grande en el Champ-de-Mars. El 14 de febrero de 1887, durante los trabajos de construcción, se presentó una denuncia de “personalidades del mundo del arte y la literatura”. Otros se mostraron escépticos acerca de la eficacia del proyecto: era un nuevo enfoque y aún así creaba problemas. Eiffel tuvo que luchar por su esquina, pero tuvo éxito y la torre siguió avanzando. Todo dependería del buen funcionamiento de la estructura.

La inauguración de la Torre Eiffel

El 31 de marzo de 1889, Eiffel subió a la cima de la torre e izó una bandera francesa en lo alto, abriendo así el edificio; varias personalidades lo siguieron. Siguió siendo el edificio más alto del mundo hasta la finalización del Edificio Chrysler en Nueva York en 1929, y sigue siendo el edificio más alto de París. La construcción y el diseño fue un éxito, y la torre fue impresionante.

Impacto sostenible

La Torre Eiffel fue diseñada originalmente para durar veinte años, pero ha sobrevivido durante más de un siglo, gracias en parte a la voluntad de Eiffel de utilizar la Torre para experimentos e innovaciones en telegrafía inalámbrica, permitiendo la instalación de antenas. De hecho, la torre iba a ser demolida en algún momento, pero permaneció en su lugar después de que empezara a enviar señales. En 2005, esta tradición continuó cuando se emitieron las primeras señales de televisión digital de París desde la Torre. Sin embargo, desde su construcción, la Torre ha tenido un impacto cultural duradero, primero como símbolo de modernidad e innovación, y luego como símbolo de París y Francia. Medios de comunicación de todo tipo han usado la Torre. Es casi inconcebible que alguien trate de demoler la Torre ahora, ya que es uno de los edificios más famosos del mundo y una marca registrada fácil de usar para el cine y la televisión.

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