La invención de la ballesta

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La invención de la ballesta revolucionó la guerra, y la tecnología se extendió desde Asia a Europa, pasando por el Oriente Medio hasta la Edad Media. En cierto sentido, la ballesta democratizó la guerra: un arquero no necesitaba tanta fuerza o habilidad para disparar un rayo mortal desde una ballesta como lo habría hecho con un arco y flecha tradicionales.

¿Quién inventó la ballesta?

Las primeras ballestas se inventaron probablemente en uno de los estados de la China primitiva o en las partes vecinas de Asia Central en algún momento antes del 400 a.C. No se sabe exactamente cuándo se inventó esta nueva y poderosa arma y quién la pensó por primera vez. Las pruebas lingüísticas apuntan a un origen en Asia central, ya que la tecnología se extendió luego a China, pero los registros de un período tan temprano son demasiado escasos para determinar sin duda el origen de la ballesta.

El famoso estratega militar Sun Tzu ciertamente sabía de ballestas. Las atribuye a un inventor llamado Q’in del siglo VII A.C. Sin embargo, las fechas de la vida de Sun Tzu y la primera publicación de su arte de la guerra también son controvertidas, por lo que no pueden ser utilizadas para determinar la existencia temprana de la ballesta sin ninguna duda.

Los arqueólogos chinos Yang Hong y Zhu Fenghan creen que la ballesta puede haber sido inventada ya en el año 2000 A.C., basándose en artefactos de hueso, piedra y conchas que podrían ser detonadores de la ballesta. Las primeras ballestas conocidas con gatillo de bronce se encontraron en una tumba en Qufu (China), que data aproximadamente del año 600 a.C. Este entierro se remonta al estado de Lu, en la actual provincia de Shandong, durante la primavera y el otoño chinos (771-476 a.C.).

Pruebas arqueológicas

Otras pruebas arqueológicas muestran que la tecnología de las ballestas se utilizó ampliamente en China a finales de la primavera y en otoño. Por ejemplo, una tumba de mediados del siglo V a.C. en el estado de Chu, provincia de Hubei, contenía pernos de ballesta de bronce, y una tumba de mediados del siglo IV a.C. en Saobatang, provincia de Hunan, también contenía una ballesta de bronce. Algunos de los guerreros de terracota enterrados con Qin Shi Huangdi (260-210 a.C.) llevan ballestas. La primera ballesta reconstruida conocida fue encontrada en otra tumba del siglo IV a.C. en Qinjiazui, en la provincia de Hubei.

Importancia en la historia

Las ballestas de repetición, llamadas Zhuge nu en chino, pueden disparar varios pernos antes de que necesiten ser recargadas. Las fuentes tradicionales atribuyen este invento a un táctico de la época de los Tres Reinos llamado Zhuge Liang (AD 181-234), pero el descubrimiento de la ballesta Qinjiazui que se repite 500 años antes de la vida de Zhuge prueba que no fue el inventor original. Sin embargo, parece probable que haya mejorado significativamente su diseño. Más tarde, las ballestas podían disparar hasta 10 pernos en 15 segundos antes de ser recargadas.

Las ballestas estándar estaban bien establecidas en toda China en el siglo II d.C. Muchos historiadores contemporáneos han citado la ballesta de perno como elemento clave en la victoria pírrica de la China Han sobre los Xiongnu. Los Xiongnu y muchos otros pueblos nómadas de las estepas de Asia Central utilizaban con gran habilidad arcos compuestos ordinarios, pero fueron derrotados por legiones de infantería con ballestas, especialmente en asedios y batallas con colonos.

El rey Sejong de Corea (1418 a 1450) de la dinastía Joseon introdujo la ballesta repetidamente en su ejército después de ver el arma en acción durante una visita a China. Las tropas chinas continuaron usando el arma a finales de la Dinastía Qing, incluso durante la Guerra Sino-Japonesa de 1894-95. Desafortunadamente, las ballestas no eran rival para las modernas armas japonesas, y los chinos Qing perdieron esa guerra. Fue la última gran guerra mundial en la que se usaron ballestas.

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