La Vajilla Resusitante

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Luis XV cuando tenía 5 años, por Rigaud.

La presencia del rey suele ser inclemente y solemne, pocos de sus súbditos o incluso funcionarios se atreven a entablar conversación con él, ni hablar de contradecirle o plantarle cara. Pero, en ocasiones, algunos muestran gran coraje, a veces por su cercanía al monarca, a veces solo por incesantes, pero siempre con cautela y prudencia. Tal es el caso de la anécdota de hoy que tiene como protagonista a Luis XV de Francia.

Hacia finales de agosto de 1915, Luis XIV fallece de gangrena y su nieto, con solo cinco años de edad, se convirtió en el siguiente dueño de toda Francia bajo el nombre de Luis XV. El nuevo regente pasó sus primeros años de reinado en relativa tranquilidad, rodeado de preceptores que le proveyeron una gran cultura, mientras que el poder efectivo fue entregado a varios regentes. Al alcanzar la mayoría de edad le confió el gobierno al cardenal Fleury, su antiguo preceptor.

A diferencia de su bisabuelo, Luis XV no tuvo contacto directo con la vida política de su país: se reunía con poca frecuencia con sus ministros y actuó en contra de sus expectativas, tramando una red de diplomáticos y espías. Su desinterés por la política y la constante sucesión de ministros debilitaban el poder de Francia en Europa.

Luis XV retratado por Maurice Quentin de La Tour en 1748.

Al inicio de su reinado fue amado por el pueblo, que rápidamente le apodó como el Bien Amado”. Con los años, su debilidad en la toma de decisiones y la constante e intrigante presencia de sus amantes (Madame de Pompadour y Madame de Mailly, las más conocidas de ellas) dinamitó su popularidad, produciéndose algunas celebraciones a su muerte en París. Por ello, hubo de celebrarse en secreto su funeral, para evitar que se produjeran burlas públicas ante su ataúd, tal y como ocurrió con su predecesor.

Justamente, durante los momentos difíciles de su reino, el erario francés se encontró consumido, por lo que el monarca decidió que se entregasen al tesoro público las vajillas de plata y las joyas que nobles de la corte tuvieran en su poder.

Poco días después de la ordenanza, el rey se encontró con el duque de Agen, uno de los nobles que aún no había cumplido con su deber entregando sus joyas y vajillas. En cierto momento de la conversación, el rey dejo deslizar el tema en su conversación con el duque:

– ¿Habéis enviado vuestra vajilla a la Casa de la Moneda – Preguntó, cómo quién pregunta al pasar

El duque respondió – No, señor

– Pues bien – Respondió el monarca y agregó – He enviado yo la mía – Cómo señalándole que el predicaba con el ejemplo.

El duque, ni lento ni perezoso contestó con total tranquilidad y altura:

– Señor, cuando Jesús murió el Viernes Santo, bien sabía que al tercer día iba a resucitar.

Para esta entrada tuve ayuda de:

Wikipedia: Articulo sobre Luis XV

Libro de Carlos Fisas: “Historias de la Historia 2da Serie”