Testigos de la Historia: Un drama terrible por José Martí

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Inauguramos hoy en el blog una nueva sección, titulada Testigos de la Historia. Siempre es bueno, y me atrevería a decir, casi obligatorio, conocer de primera mano los acontecimientos históricos, o al menos acercarse lo más posible a lograrlo. Por ese motivo, está categoría está destinada a presentar diferentes fuentes escritas originales producida por diferentes testigos históricos de los hechos del pasado. Tomaremos así fragmentos de diferentes personajes que a lo largo de la historia relataron de primera mano algún suceso del que fueron contemporáneos. Para empezar, y dada la fecha, hablaremos hoy del Día Internacional de los Trabajadores y nuestro testigo será el periodista cubano José Julián Martí Pérez. Pero primero, una breve introducción para situarnos en contexto.

Concentración de trabajadores en Chicago el 1 de mayo de 1886.

Hablar del Día Internacional de los Trabajadores implica hablar del trágico 1 de Mayo de 1886. Aquel día en el que un grupo de 80 mil trabajadores, liderados por Albert Pearsons marcharon en la calles de calles de Chicago, pidiendo por mejoraras laborares. Si bien, el objetivo principal era reducir la jornada laborar al máximo de 8hs, no era el único reclamo que partía de las masas trabajadoras. A los tres días, la protesta se había extendido a todo el país, y para detenerla, el presidente estadounidense por ese entonces, Andrew Johnson, declaró el estado de sitio.

En Chicago, donde las condiciones laborales era mucho peores que en el resto del país, la única fábrica que se mantenía activa era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik. La producción se mantenía a base de esquiroles. Ya el día 2 de manifestación, la policía había disuelto violentamente una manifestación, y el día 3, cuando la marcha se concentraba en las puertas de la fábrica McCormink, al sonar la sirena de salida de los rompehuelgas, el anarquista August Spies inició un ataque de los manifestantes contra los trabajadores salientes de la fábrica, comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo varios muertos y varias decenas de heridos.

Está situación impactó fuertemente en el periodista Adolf Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, que corrió a su periódico donde redactó una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25 000 octavillas.

La proclama decía:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!

¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket.

Pero hasta aquí por ahora… pronto la segunda parte, con la presentación de la crónica de nuestro testigo estrella.