Victorias Pírricas (II)

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Sucedía que en su impasible intento de unificar el territorio italiano y griego, un proyecto largamente acariciado y encarnizadamente perseguido por su Senado, los romanos se decidieron por conquistar la Península Sur en la cual se encontraban todas estas colonias floreciente y abundantemente ricas. Fue entonces cuando Tarento, que era una especie de primus interpares y, por lo tanto, la que tenía más que perder, decidió salir en búsqueda de aliados para enfrentar a las poderosas tropas romanas. Fue de esta manera que se encontraron con Pirro, el más distraído entonces de entre los reyes, pero a la vez el más aguerrido de todos los capitanes.

Representación de Pirro y sus Elefantes.

Sin necesidad de pensárselo dos veces, Pirro movilizó sus huestes y partió hacia el sur de Italia con un numeroso y amplio ejército. Pero la travesía no le salió nada barata a nuestro amigo: En medio del camino una tempestad desbarató el convoy pírrense, incluso Pirro estuvo a punto de pasar a mejor vida, según las crónicas solo se salvó de milagro. Con lo poco que quedaba de su ejército, y una vez pasada la tempestad Pirro logró llega a Tarento, y allí tuvo que verse forzado a meter en cintura a los tarentinos, pocos dispuestos a sumarse a las filas de su ejército debido a la buena vida a la que estaban acostumbrados.

Una vez rehechas sus filas con hombres, caballos y elefantes llegados de Grecia, se enfrentó a los romanos, cerca de la también productiva colonia griega de Heraclea. La batalla acabó con victoria para Pirro, sobre todo debido al espanto que causaron los elefantes en los romanos y sus caballos, ya que eran la primera vez que se enfrentaban a tales bestias. De todos modos la victoria le salió cara: Además de que estuvo a punto de perecer en el combate, muy pocos romanos murieron en la batalla, menos de quince mil, en comparación con los cerca de trece mil soldados que perecieron en la huestes de Pirro.

Estatua de Pirro en Grecia

Pero aquí no termina la historia, ya que no contento con el primer resultado, Pirro volvió a enfrentarse a los romanos en un segundo combate, que esta vez acabó en tablas. Al parecer el empate se debió en gran parte a la pérdida del temor que originaban los elefantes en los romanos, más aun cuando un soldado romano demostró que aquella bestias si podían morir. En Ásculo (tal era el nombre del sitio donde se enfrentaron esta vez) Pirro volvió a estar cara a cara con la muerte, cuando recibió un lanzazo enemigo, pero volvió a zafar milagrosamente. Quince mil hombres, aproximadamente, por cada bando fueron los que sucumbieron en aquel campo. Tras esta segunda batalla ambos ejércitos se retiraron de la zona.

Cuentan que alguien del sequito de Pirro se acercó para felicitarlo por el resultado de las batallas; fue justo en aquel instante cuando Pirro, mezclando el realismo con el sentido de humor le contesto aquello de

“Sí, con una sola vez más que venzamos a los romanos, estaremos acabados sin remedio”

O cualquiera de las versiones que conozcan acerca de lo que dijo…

Para esta entrada tuve ayuda de:

Revista “La Aventura de la Historia“, N°1 (Nov. de 1988)

Articulo de Pirro en Wikipedia