Victorias Pírricas

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Probablemente todos conozcan lo que es una victoria pírrica. Pero por si acaso les diré que una victoria pírrica es aquélla que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aun tal victoria puede terminar siendo desfavorable para el aparentemente o tácticamente vencedor. Vamos, una de esas en las que casi pierdes más de lo que ganas.

Pirro, representado como Marte. Estatua de mármol del siglo I d. C. conservado en los Museos Capitolinos.

Todos, o casi todos sabrán también que el nombre de este tipo de victorias proviene del general y estratega Pirro, rey de un pequeño territorio griego llamado Epiro. Seguramente también estarán al tanto de que se dice que Pirro, al contemplar el resultado de su batalla contra los romanos, dijo “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa” (en griego: Ἂν ἔτι μίαν μάχην νικήσωμεν, ἀπολώλαμεν.). Pero se me han dado las ganas de traer su historia a colación, para aquellos que no la sepan, y, por qué no, para que la recuerden aquellos que si la conocen. Así que aquí les va.

El territorio Epiro ocupaba una estrecha franja costera del mar Jónico, frente a la isla de Corfú, al sur del Adriático. Dicha región estaba habitada por el pueblo de los molosos, pueblo pobre a causa de lo árido y escarpado de su geografía, y que, por lo tanto, era belicoso, dado al saqueo y a la búsqueda de botín y fortuna allende sus fronteras.  Pirro supo sacar provecho de las inclinaciones de su pueblo y de las circunstancias políticas en Grecia a comienzos del S. III a.C., como nadie había podido hasta entonces.

En plena pelea entre los sucesores de Alejandro, se convirtió en una especie de condottiero (es decir un caudillo), dispuesto a intervenir en cualquier conflicto que se le pusiera por delante, llegando a ser una pesadilla para sus vecinos. Pronto se labró una gran fama de hombre audaz, infatigable, astuto generoso y gran estratega. Tal es así que sus contemporáneos llegaran a compararlo con Alejandro Magno, incluso Aníbal lo colocaba por encima de sí mismo de Escipión.

En cierta ocasión intento quedarse con el trono de Macedonia, pero fracaso y se retiró nuevamente a Epiro. Cuanta de él su biógrafo Plutarco que: “Ofrecíale la fortuna el poder gozar de la presente sin inquietudes y vivir en paz gobernando su propio reino; pero para él, el no causar daño a otros ni recibirlo de ellos a su vez, era un tormento”. De este “tormento” vendrían a sacarlo los mensajeros de la antigua colonia griega de Tarento, la más floreciente de las colonias que formaban la conocida Magna Grecia.

Pero hasta aquí por ahora… pronto la segunda parte…