Vivir una Noche Toledana

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Hablaremos hoy del origen de las “Noches Toledanas”. Como seguramente todos saben, cuando decimos que hemos pasado “una noche toledana”, estamos refiriéndonos a una mala noche, uno noche movida, en la que no podemos dormir, nos sentimos inquietos e incómodos; en fin una noche no muy agradable, sino desastrosa. Pero ¿De dónde viene este dicho?…

Abd Al Rahman II

Pues, para remontarnos a los orígenes de este dicho debemos regresar hasta el año797 d.C., momento en que en España reinaba el emir de Córdoba Al-Hakam I (nieto de Abd al-Rahman I).

Desde siempre, la ciudad de Toledo, lugar donde surgió esta frase (dónde sino), había sido un pueblo rebelde e insubordinado contra sus opresores, y vivían con cierta independencia, no permitida por el califato. Fue entonces que Al-Hakam I decidió acabar con esa “rebeldía” por la vía más rápida y sanguinaria que encontró a su alcance. El emir mando un nuevo gobernador a la ciudad, Jusuf-ben Amru, para llevar a cabo sus planes. Las órdenes del nuevo gobernador era hacerles creer a los toledanos que gobernaría con independencia del califato y que aceptaría las exigencias de los ciudadanos. Su meta, como seguramente ya habrán descubierto, era ganarse su confianza.

Y así fue, Amrus llegó a Toledo con buenas palabras y fue un buen gobernador para las predisposiciones del pueblo hasta que los nobles toledanos se confiaron de él y el plan del emir Al-Hakam comenzó a tomar cuerpo.

Tomando como excusa de la llegada del príncipe heredero al trono de Córdoba, Abd al-Rahman II, a la ciudad de Toledo, Amrús, invitó a toda la nobleza a su residencia para agasajar con un banquete la visita del heredero. Los nobles, confiados, se pusieron sus mejores galas y allí se presentaron, ávidos de pasar una estupenda noche.

Vista de Toledo

Todo estaba listo. La guardia personal del príncipe esperaba tras una puerta por donde iban entrando, uno a uno, los nobles de Toledo, listo para ser agasajados. Pero no todo era lo que parecía. Tras la puerta les esperaba a los nobles un foso, cavado para tal propósito, donde eran arrojados todos y cada uno de los que la atravesaban, no sin antes ser degollados. Muchos fueron los que cayeron en la trampa y, por tal motivo, perdieron la cabeza (algunas crónicas hablan de cientos, y otras, en cambio, de miles) hasta que alguien entre la multitud que esperaba entrar al salón grito:

¡Toledanos, es la espada, voto a Dios, la que causa ese vapor (de la sangre) y no el humo de las cocinas!

Los que todavía no habían entrado pudieron escapar del filo de las espadas, pero Al-Hakam I no necesitaba asesinarlos a todos, ya había conseguido sus objetivos: Toledo se calmó durante muchos años.

En resume es de esto, más o menos, de lo se trata una noche toledana. Lo que ocurrió aquella noche en Toledo, sin dudas fue, para muchos nobles, una verdadera noche toledana.

Para esta entrada tuve ayuda de:

Toledo al día.

Historias de la historia.

Leyenda de Toledo.